sábado, 26 de mayo de 2012


Se ríe. Entre tanto miedo, tanta hipocresía, guerras, hambre, promesas sin cumplir. Entre tanta mierda. Su risa se le cuela por todos los costados y se vuelve loca. ¡Como si se matan hay fuera!
Se mira al espejo, con el pelo revuelto y los ojos brillantes. Y mira al mundo como si solo existiera hoy. Porque quiere arreglarse. Necesita arreglarse el corazón. Se pinta los labios de rojo y se lanza un beso. Un beso que se pierde en la habitación, como todos los que no se llegaron a dar. Pero eso ya no importa. Ha comprendido que no es bueno colgarse de otra mano al pasear, porque cuando te suelta, ya no sabes por donde ir.
Así que, se ríe y se busca. Y baila, y canta, y hace mil cosas a la vez. No para. Quiere alcanzar al tiempo que ha perdido. Es libre. Es libre y siente que, si se pone de puntillas y aguanta la respiración, podrá agarrar el viento. E irse volando lejos de aquí. Arreglarse por fin.


Somebody that I used to know.


Esa mañana, cuando se despertó, no había nadie en casa. Se puso una taza de café y se sentó a intentar encontrarse a si misma. Era uno de esos días. Uno de esos días en los que los cambios no la emocionaban, todo lo contrario. No corría lo suficientemente rápido como para alcanzarlos, como para comprender lo que giraba por su mente, lo que se le escapaba. Las personas que se habían ido de su vida y aquella a la que ella misma había echado. Y allí, con el humo del café empañando sus ojos, se obligaba a buscar las razones por las que lo había hecho. Odiaba esas razones. Y odiaba crecer.Estaba rodeada de pedazos de si misma pegados con celo sobre el gotele. Que bonito era todo, había tenido suerte. Pero  ¡joder! Allí estaba ella, con sus café congelado y  el corazón dolorido. Preguntándose cuanto tiempo hacia falta para borrar todas las primaveras que fueron distintas a esta.